Morelia, Michoacán
A las 23:08 horas del 15 de septiembre de 2008, Morelia dejó de celebrar y gritó de dolor.
Minutos antes, desde el balcón de Palacio de Gobierno, el entonces gobernador Leonel Godoy Rangel había encabezado el Grito de Independencia. En la Plaza Melchor Ocampo y sobre la avenida Madero, miles de personas participaban en la celebración.
Había familias, niños, banderas y vendedores. El Centro Histórico lucía lleno.
Entonces ocurrió la primera explosión.
Una granada de fragmentación estalló en la Plaza Melchor Ocampo, a unos metros de Palacio de Gobierno. Fue el punto donde se concentró el mayor daño, donde las víctimas parecían sin fin.
El estruendo confundió, interrumpió la celebración. Los gritos dolían.
En cuestión de segundos, la plaza se convirtió en una zona de emergencia que más parecía de guerra; fue el primer acto de terrorismo declarado como tal en México. Personas heridas quedaron entre la multitud mientras familiares y desconocidos intentaban auxiliarlas. Otros corrían en busca de sus hijos, padres o acompañantes; unas más jalaban cuerpos ya inertes.
Siete minutos después, una segunda granada explotó sobre la avenida Madero, frente al Templo de La Merced.
La segunda detonación volvió a estremecer el Centro Histórico.
Dos explosiones habían convertido la celebración del 15 de septiembre en una de las noches más dolorosas de la historia reciente de Morelia, de Michoacán y del país entero.
El saldo oficial inicial fue de ocho personas muertas en el lugar y más de 132 heridas. Muchos de los sobrevivientes sufrieron lesiones provocadas por esquirlas en piernas, abdomen y otras partes del cuerpo y del alma.
En los días posteriores, la cifra de fallecidos aumentó. Historias como la de Ángel, el estudiante de secundaria que sobrevivió apenas unos días, remarcaron la dolorosa historia.
Detrás de esos números quedaron familias que perdieron a uno o a varios de sus integrantes, y sobrevivientes que llevaron desde entonces las secuelas físicas y emocionales de aquella noche.
18 años sin respuestas
Hoy se cumplen 18 años de los ataques.
Y el caso permanece marcado por una deuda pendiente: no hay detenidos.
Las preguntas siguen abiertas: ¿quién lanzó las granadas? y ¿por qué?
Para las familias de las víctimas, el paso del tiempo no ha significado el cierre de la herida. “Recordar es honrar y honrar es no olvidar”.
Esta mañana, la Plaza Melchor Ocampo fue nuevamente escenario de un acto conmemorativo en memoria de las víctimas directas e indirectas.
En el mismo sitio donde ocurrió la primera y más devastadora explosión permanece una placa conmemorativa.
Es pequeña y discreta. Para quien desconoce la historia puede pasar inadvertida entre el movimiento cotidiano del Centro Histórico.
Pero ese lugar concentra el recuerdo de aquella noche.
Ahí estaban las familias.
Ahí ocurrió la primera explosión.
Ahí quedaron muchas de las víctimas.
Y ahí, 18 años después, continúa la memoria.
No hay un rostro al que señalar.
No hay una explicación que devuelva lo perdido.
No hay detenidos. Sólo queda la memoria.
El Grito, 18 años después
Esta noche, Morelia volverá a celebrar el aniversario de la Independencia y lo hará, de nueva cuenta, en el marco de un operativo sin par: arcos detectores, cientos de policías de los tres órdenes, K9 olfateando todo y los nervios a flor de piel, rogándole a Dios la paz pérdida.
El Centro Histórico se llenará de familias. Desde Palacio de Gobierno se escuchará nuevamente el Grito y la ciudad volverá a pronunciar el “¡Viva México!”.
En la Plaza Melchor Ocampo, donde permanece la placa, y sobre la avenida Madero, frente al Templo de La Merced, donde ocurrió la segunda explosión, quedará también el recuerdo de aquella noche.
Han pasado 18 años.
No hay detenidos.
Tampoco una respuesta para las familias que todavía preguntan quién lo hizo y por qué.
Esta noche habrá celebración.
Pero para quienes vivieron aquella noche, el 15 de septiembre de Morelia también tiene otra memoria: la de una fiesta que terminó en tragedia y la de quienes salieron a celebrar la Independencia y nunca pudieron retornar a casa.