El papel térmico tiene un recubrimiento sensible al calor, el cual hace que aparezca el texto. Para su fabricación se ha usado por décadas bisfenol

Los tickets o etiquetas de envío y otros recibos suelen imprimirse en papel térmico, que deja una importante huella ecológica. Un nuevo estudio señala que materiales derivados de la madera pueden servir para desarrollar formulaciones de ese producto menos tóxicas y más sostenibles.

El papel térmico tiene un recubrimiento sensible al calor, el cual hace que aparezca el texto. Para su fabricación se ha usado por décadas bisfenol A (BPA) y, más recientemente, el bisfenol S (BPS), químicos que pueden afectar a los organismos vivos y que se detectan en el medioambiente y en las personas que manipulan recibos con frecuencia.

Encontrar alternativas más seguras a los bisfenoles es difícil porque el papel térmico también debe ser estable, imprimible y rentable. En 2022, el mercado mundial del papel térmico estaba valorado en unos 4 mil millones de dólares (unos 3.413 millones de euros) y se espera que crezca hasta unos 6.000 millones de dólares (5.120 millones de euros) en 2030.

Un equipo de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza) ha desarrollado formulaciones de papel térmico a partir de moléculas de origen vegetal que tienen un nivel de toxicidad muy bajo o nulo.

Para ello, los investigadores han usado lignina, un componente principal de la madera, junto a un derivado de azúcares vegetales, indica el estudio que publica Science Advances.

Aunque es necesario seguir trabajando para optimizar la calidad de impresión y ampliar la escala, la investigación "demuestra que se pueden fabricar formulaciones de papel térmico más seguras directamente a partir de biomasa no comestible mediante sencillos pasos de procesamiento", señaló en un comunicado la Escuela Politécnica.

La lignina contiene grupos químicos que pueden actuar como reveladores de color, sin embargo, cuando se aísla suele ser oscura y químicamente compleja, lo que la hace inadecuada para la impresión.

Para solucionar ese problema, el equipo usó un método de extracción controlada que permite producir polímeros de lignina de color claro con menos grupos oscuros que absorben el color y que pueden interferir en la impresión.

Su composición química también permitió que se mezclara bien en la capa térmica, un requisito previo clave para una reactividad adecuada.

Para que la lignina fuera reactiva a las temperaturas de impresión se añadió un ‘sensibilizador’, es decir, un compuesto que se funde al calentarse y ayuda a que el tinte y el revelador interactúen.

En lugar de sensibilizadores convencionales derivados del petróleo, probaron la diformilxilosa, una molécula elaborada a partir del xilano, un azúcar que se encuentra en las paredes celulares de las plantas.

Las mezclas resultantes fueron aplicadas en forma de finas capas sobre papel y las probaron utilizando calentamiento controlado e impresoras comerciales.

Los recubrimientos a base de lignina produjeron imágenes impresas nítidas cuando se calentaron, con valores de densidad de color dentro del mismo rango necesario para el papel térmico comercial.

Además, se mantuvieron estables cuando se almacenaron cerca de una ventana durante meses y los logotipos impresos siguieron siendo legibles después de un año.

Aunque el contraste de la imagen seguía siendo inferior al del papel comercial totalmente optimizado, el rendimiento igualó al de los papeles térmicos a base de BPA.